La Tulivieja – La Tepesa

En Panama se le conoce con varios nombres: la Tulivieja, muy popular en las provincias centrales, y la Tepesa, oriunda de las comarcas indígenas y muy popular en las tierras de las provincias de Los Santos, Veraguas y Chiriquí. Tanto la Tulivieja como la Tepesa son espantosas y aparecen de noche cerca de los ríos y quebradas buscando a su hijo perdido.

Según la tradición, la Tulivieja era una hermosa y joven mujer. Tenía fama de ser muy parrandera y no se perdía ninguna fiesta que se celebraba en su pueblo. Al dar a luz a su primer hijo, su marido le prohibió que siguiera yendo a las fiestas y le ordenó que se quedará en casa cuidando al bebé. En una ocasión, aprovechando que el esposo estaba en un viaje de negocios, la chica decidió acudir a un baile con su hijo en brazos.

Para evitar que el hijo le estorbara, lo abandonó camino a la fiesta. Lo colocó debajo de un palo de mango que estaba a orillas de un río, pues pensaba volver a buscarlo después del baile. Esa noche, una fuerte tormenta azotó el pueblo y arrastró a su hijo por el río. Cuando ella regresó a buscarlo, ya no lo encontró y comenzó a llorar, arrepentida por el grave error que había cometido. Dios la castigó por su irresponsabilidad y la transformó en un ser horripilante con agujeros en su cara y cabellos largos hasta los pies. Sus pies se le viraron y se transformaron en patas de gallina. Desde entonces anda vagando por la eternidad buscando a ese hijo perdido.

Se le describe como  “un monstruo horrendo que tiene la cara como un colador lleno de huecos y de eso huecos le salen pelos cerdosos y larguísimos. En lugar de manos tiene garras y sus flacas piernas y pies los tiene invertido, apuntando hacia atras. Condenada a buscar a su hijo por toda la eternidad, va gritando por los rios buscando a un niño que jamas encontrara. Se dice que aveces recobra su antigua forma, en las noches de luna llena, se baña en el los rios , radiante como un sol, pero el más ligero ruido conviertese nuevamente en el monstruo que es , para continuar su búsqueda”.

Fuente: http://artteam.tripod.com/cuentos/referencia.htm

La Tepesa – La tulivieja Ngöbe.

La historia de la Tepesa se remonta a la conquista, cuando un español enamoró a una hermosa joven indígena de la comarca Ngöbe Bugle y la dejó embarazada. Para que nadie en su tribu se percatara de su falta, la joven escapó hacia lo más profundo de las montañas y cuando nació su hijo, lo ahogó en un río. Al ver el crimen, Dios la habló desde lo alto y la maldijo: “Ese pecado te pesa y te pesará hasta la eternidad, y desde ahora llorarás para pagar tu culpa”. La Tepesa quedó transformada así en un ser espantoso que, al igual que la Tulivieja, anda vagando por los ríos y quebradas llorando, arrepentida de su pecado.

Fuente: Wikipedia. http://es.wikipedia.org/wiki/Llorona#Panam.C3.A1

La realidad es que la leyenda de la Tepesa o tulivieja ha sido adaptada a prácticamente todas las culturas de la región latinoamericana y se le conoce como ya vimos, también como  “La Llorona”, para una descripción mas precisa de la version realmente panameña de esta leyenda cito el libro Veintiseis leyendas panameñas que, en su historia “La tepesa”, se cuenta de manera muy bella, literariamente hablando, el ambiente que rodea esta leyenda en el interior del pais, es solo un extracto, bajen el libro y leanlo, o mejor aun consiganlo en su version impresa y cuentenselo a sus niños Wink…o bueno leanlo para ustedes mejor…

 “—Caballero, ¿que é eso? —dijo Cuba, temblando del susto.
“—Es la Tepesa —le dije yo.
“—¿Y eso qué é ?
“Entonces le expliqué yo que la Tepesa es un espíritu, el ánima
de una mujer que mató a su hijo recién nacido y que Dios la
castigó poniéndole la penitencia de andar por el mundo gimiendo
y llorando, buscando en vano el hijo perdido. “Te pesa y te
pesará, hasta el día del Juicio”, le dijo una voz del cielo y por eso
la llaman Tepesa. Pasó un rato. Cuba estaba muerto de miedo,
arropao de pie a cabeza y yo, aunque un poco temeroso, salí,
aprovechando que la Tepesa se había callao, porque tenía una
mujercita por ahí cerca y quería dormí con ella esa noche.
“Ya iba yo llegando al rancho de Rosita, que así se llamaba
ella. En la contracerca del rancho había un palo de guayabo.
Yo me agarré del palo pa meterme adentro, cuando me sollozó
la Tepesa arriba del palo. Del susto di un brinco y quedé adentro.
Casi rompo la puerta del rancho con la cabeza y no vi ni la escalera
de guarumo pa treparme al catre; me agarré de la cadena, del
rancho, me solivié y quedé en el catre con Rosita, temblando y
apretao con ella. Una tía de Rosita que taba también durmiendo
ahí, me dijo: “¡Cómo se ha visto con la Tepesa, blanco! Taba arriba
der guayabo”.

….

“—Y una vez —terció Eduardo, que había escuchado en silencio—,
el tata de Nieves Vásquez tenía una molienda en el río
Perales. Estaban ya todos acostados una noche pero no se habían
dormido, cuando oyeron la Tepesa. Uno de los piones que era
muy chusco le gritó: “María del Rosario, vení a rezal por el bien
que perdiste”. Dicen que se puso tan brava que eso no tenía
aguantadero y se venía hasta el mismo real aonde estaba la gente,
sollozando y pujando. Los perroj gemían, con el rabo entre
las piernaj, y se metían debajo de las jamacas y los catres de los
piones, hasta que tuvo el señor Claudio que rezal la magnífica…
Entonces la oyeron dir río abajo.
—Y una señora que llamaban la Fufa la vió aquí mismo en
el pueblo, en la isla —añadió Don Pedro, que era quien había
iniciado la conversación sobre este tema—. Dice que la vió una
madrugadita, antes de llegar a la quebrada; que es chiquita como
del tamaño de una muchachita de cinco años y muy mo
Ahí
quedaron las huellas, a la orilla de la quebrada. Fufa llamó gente
para que fueran a verlas. Camina con los talones para adelante. La
Fufa dicen que es la única persona que la ha visto; pero se enfermó
del tiro y cogió cama por tres días. “

Esta narración mucho mas corta, pero igualmente bella, titulada La tepesa” , pertenece al libro Tradiciones y leyendas panameñas de LUISITA AGUILERA P.

LA TEPESA

Una joven india de singular belleza fue seducida por las
falsas promesas de matrimonio, de un españolito buen
mozo y tenorio consumado. De estas relaciones ilícitas nació
un niño.
Como la gente, que todo lo sabe y todo lo ve, comenzara a
dudar de la indiecita, ésta concibió el horrible proyecto de enterrar
vivo a su hijo.
—No, de ese modo no —le dijo una vieja bruja—, yo te diré
cómo has de deshacerte del pequeño.
Guiada por la bruja, la moza colocó al chiquitín en una batea
y lo arrojó a la corriente de un riachuelo que corría por entre
espantosos despeñaderos.
Pero el niño no murió. Vive para remordimiento eterno de
sus madre y así pague su delito. Vive, para que el recuerdo de
su llanto, siempre escuchado a orillas de los ríos, lleve a todos
los corazones el recuerdo de aquella mujer.
En la soledad vinieron los remordimientos a atormentar a la
muchacha y desesperada se juró a sí misma buscar a su hijo
hasta encontrarlo.
Se presentó al sitio donde había arrojado al chiquitín y allí,
como en el corazón del río le pareció oír el llanto del pequeño.
Loca de angustia y de dolor corrió más allá, pero nada. El eco
había volado para repetirse aún más lejos.
Así comenzó su peregrinación infructuosa, llena el alma de
desesperación y cuajado de lágrimas el rostro. En su interminable
rodar por las selvas, cambió sus vestiduras por un manto
delicado tejido con sus propios cabellos; y de su llanto inagotable,
sus lágrimas cristalizadas por la pena, engarzadas en los
párpados alargaron sus pestañas hasta los pies. De sus suspiros
y contracciones del alma sólo ha quedado un gemido muy especial:
¡pum… pum…!
En el momento preciso de su fuga, la india fue sorprendida
por un vecino anciano, y éste irritado la maldijo añadiendo:
— Te pesa y te pesará.
Desde entonces su conciencia le repite sin cesar, te pesa, te
pesa, para enrostrarle lo horrible de su falta. Y ha sido tal su
obsesión, que ha huido de los hombres, porque siente que cada
uno le dirá el te pesa martirizador. Y ha buscado refugio en las
selvas, pero inútilmente; el viento que silba, la fuente que corre,
el pájaro que canta en la rama, las hojas que se agitan, la naturaleza
toda le dice en sus mil bocas el te pesa lacerante y humillador,
pues jamás, ni siquiera un instante vuelve a convertirse en
lo que fue. Una linda y joven mujer.

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  • Alexander Pino

    El texto esta incompleto Aparte de estos faltan 3 Paginas mas
    Hay que mejorar esto !!

    • Callejerito

      En efecto. y así se quedará porque no tengo intenciones de ripear todo el contenido de un libro que tiene derechos de autor, sinó acercar a los jovenes a nuestros libros, que en vez de comprar una tontera como crepusculo compren un libro nacional. Saludos.