La Silampa

Esta leyenda tiene algo en particular, practicamente todos en panamá la han escuchado, o han escuchado mencionar a “la silampa” pero pocos saben realmente que es, y tienden a pensar que es o está relacionada con la Tepesa o la Tulivieja. Nada mas lejos de la realidad.

En las noches de invierno, cuando la niebla fría baja de las montañas es cuando la Silampa hace sus apariciones. Su forma es como de una sabana blanca que sobrevuela el campo, confundiéndose con la niebla; atrapa a cualquier incauto que se atreva a rondar a esas horas de las noches, lo envuelve y lo “chupa” hasta dejarlo en los huesos.

Hay otra versión de La Silampa que es menos macabra…Se dice que es un bulto blanco sin forma que sale de los montes y va creciendo y creciendo más, hasta alcanzar varios metros de altura, solo asustando a los que se atreven a merodear a altas horas en la noche.

Citando el libro “veintiseis leyendas panameñas” de Sergio Gonzales Ruiz…

silampa

 

…que separan a Los Santos  Veraguas, como inmensos estadios o anfiteatros mitológicos,
azulosos en medio de un velo sutil. El frío, en tanto, aumenta y, hablando y gesticulando y tomando grandes tragos de “whiskey”
escocés y de “cognac” español, tratamos en vano de entrar en calor.
Julio, nuestro guía, que ha notado que Elías está tiritando, dice sentenciosamente:
—A ese se lo come esta noche la Silampa.
Todos ríen porque notan que nuestro amigo está muerto de frío,
pero el viejo Marcos, que todo lo observa, me dice a media voz:
—Julio se ha referido al frío, evidentemente, porque ya por
extensión se le llama también silampa, pero la Silampa es otra
cosa. La Silampa es la madre de la noche.
• • • • •
Los últimos reflejos del poniente van desapareciendo poco
a poco y sólo quedan en el cielo unas pocas nubecillas como
copos de algodón deshilachados a los que la luz muriente de la
tarde ha teñido de un color rosado encantador.
Julio y Marcos, después de desensillar los caballos y ponerlos
a pastar, se han dado a la tarea de hacer una gran hoguera;
todos ayudamos, juntando grandes troncos que después de poco
tiempo arden y chisporrotean. Nos congregamos alrededor de la
hoguera. A pesar de los abrigos hace frío, pues ya ha caído la
noche y el viento corta. Calentamos nuestros bastimentos en las
brasas que se han formado ya y entre trago y trago comemos con
gran apetito la gallina adobada, (“sudada”), los huevos duros y las
papas cocidas con sal. Se conversa, se habla en serio y en broma;
sobre proyectos de hacer una ciudad allá en las alturas; de comenzar
nosotros, haciéndose cada uno una casita para ir a veranear.

Hablamos de los mil cultivos que hay en este cerro maravilloso
en donde, además de los cafetales. hay cañaverales, maizales
y arrozales en las faldas y en las laderas; en donde nacen cuatro o
cinco ríos e innumerables quebradas; en donde hay un clima fresco
y grato y los más bellos paisajes imaginables. Con la ayuda de los
catalejos, que uno ha traído, identificamos los pueblos, por sus
luces. Pedasí, Pocrí, La Palma; luego Sesteadero, La Laja, Santo
Domingo y Las Tablas como si fueran una sola ciudad; Guararé,
Sabanagrande, Pesé, Los Santos, Chitré, Parita, Aguadulce y hasta
Penonomé, allá en la lejanía. Se ven como cocuyos dormidos, con
las luces rojizas, medio opacadas por la niebla y la distancia.
Terminada la comida, nos tendemos así vestidos y envueltos
en gruesas mantas de lana en nuestros catrecitos de campaña o en
hamacas. Arriba tenemos el cielo, lleno de millones de astros,
silenciosos, lejanos, enigmáticos. Alguien vuelve a hablar de la
Silampa y se le pide al viejo Marcos que explique bien lo que es
la Silampa.
—Es la 
madre de la noche, como decía enantes —dijo Marcos—.
Sale a las doce de la noche, especialmente en las noches
oscuras de invierno. Se ve como una sombra blanca que va creciendo
y creciendo rápidamente, más alta que una palma; y así
se va creciendo hasta que se pierde de vista; y si Ud. no anda
listo a meterse bajo techo o debajo de un árbol, se le viene encima.
Manuel María, que ya estaba “en fuego”, comentó desde su
camastro:
—Eso era cuando amarraban los perros con longaniza. Ahora
no hay Silampa que valga. Elías, pásame acá la botella.
—Vea —continuó Marcos, dirigiéndose a mí—. Su abuelo
fue un hombre que no conoció el miedo. Sin embargo, una noche
tenía que ir al puerto de Mensabé, a media noche, a embarcarse.
Montó en su mula y cuando llegó a la Matita del Miedo, justamente
a las doce de la noche, le salió la Silampa y empezó a
crecer y a crecer; se le venía para encima. Así que no le quedó
más recurso que revirar la mula para atrás y meterle las espuelas
y correr a meterse en el primer portal del pueblo que encontró.

La Matita del Miedo quedaba por ahí por el Alto del
Panteón, un poco más allá de donde está ahora el Primer Ciclo.
• • • • •
Pronto nos envolvió una nube en sus blandas y sutiles redes,
se ocultaron las estrellas y se hizo más intenso el frío. Todos
nos volvimos un ovillo, arropados de pie a cabeza, y nos dormimos.”

Puedes leer este excelente libro, en cualquiera de tus bibliotecas publicas.

En cuanto a la existencia o no de niebla o nubes con esas “características” , solo puedo citar una experiencia muy perturbadora que tuve hace poco menos de veinte años, en el año 1995, cuando recién me gradué de sexto año, en el colegio Marista San Vicente de Paúl, en la provincia de Chiriquí, nunca sabré si era algo como la Silampa o si fue que simplemente “nos perdió la bruja”.

Uno de los compañeros ofreció hacer la “post” fiesta de graduación en una Finca en Potrerillos bien lujosa con piscina y todo, así que nadie dijo que no y tuvimos un fieston de madrugada, digno de la ocasión.  Yo no tomo gota de alcohol así que me aburrí como “ostra” después de que mis amigos ya habían quedado en estado de bulto borrachos, regados por todos lados de aquel enorme patio como si fuera un campo de batalla. El único de mi grupo de “paceros” y amigas que tenia auto y de paso manejaba era yo  a pesar de mi edad, tenia un pequeño Jeep Land Cruiser del 85, de esos cuadraditos propiedad de mi Padre y que me prestaba con una confianza que agradezco hasta hoy en día .  A eso de las 3 am, mas o menos, mi amigo, el mas alcohólico del grupo, empezó a temblar como un poseso, el alcohol que había ingerido se había diluido en la sangre de su flaco cuerpo y estaba siendo victima de la enorme bajada de temperatura que se apodera de ese sector alto de las tierras Chiricanas.

Al principio nos dio risa y disfrutamos burlándonos de su borrachera,  se quejaba de dolor por el frio y casi no podía hablar entre tiritones y balbuceos alcohólicos  pero bien merecido se lo tenía por beber como animal desde que llegamos el dia anterior a medio día hasta casi esa hora, ya una media hora después nos empezamos a preocupar (como niños que eramos) porque se quejaba de dolor en los huesos y un enorme frío,  según él se iba a morir de frío literalmente. Creo que hoy en día lo hubiera dejado tirado ahí para que se le quitara lo borracho… favor le habría hecho, pero en esos tiempos de inocencia (e idiotez seamos sinceros)  pues dije,<< mejor lo llevamos al hospital>> (si… eso dije) así que, con otro amigo que también estaba sobrio y un compañero que no estaba sobrio, tomamos rumbo para David, con nuestro etílico e hipotermico “pacero” en la parte de atrás del jeep, llorando y gritando como alma que se lleva un helado diablo.

Y bueno ahí estaba yo, con poco mas de dos años de experiencia como conductor, manejando mi jeep en la obscura noche Potrillerana, recuerdo bien que no había neblina, la carretera Potrerillos / Dolega era y es un largo tramo recto de excelente asfalto sin hoyos, lo cual permite un manejo en bajada a bastante velocidad, de hecho recuerdo haber puesto “neutral” para no gastar mucho Diesel, en esos tiempos andaba rascabucheando hasta el ulitmo centavo del pobre tanque de combustible para cada Kilometro.

Llegar de ahi a la ciudad de Dolega, habría de tomar unos quince minutos, quizás veinte para mi en esos tiempos inexpertos, pero recuerdo bien que de pronto, tuve la sensación de que simplemente no estaba avanzando, es una sensación extraña e indescriptible, sabia que el vehículo se movía, pero frente a mi, por un momento, la obscuridad se empezaba a plantar como un manto delante de los focos del vetusto vehículo.

Ya me parecía mucho el tiempo el que llevaba manejando, recuerden que en esos tiempos no había celulares con gps, ni internet, lo mas lujoso que había era mobilphone con sus coloridos pagers, cuando ya estaba seguro de que algo muy extraño estaba pasando, me percaté que la luz del vehículo se perdía en frente mio, yo he manejado mucho por muchos años ahora viejo, pero nunca me ha pasado, ni siquiera en la neblina mas espesa, que tenga la sensación de que la luz se pierde, la sensación de que alumbro a la “nada”, los que lo han experimentado, saben que cuando uno ilumina neblina espesa, la luz se estrella y rebota contra ella, y puedes ver la blanca pared de nube frente a ti.

Pero ese NO era el caso, simplemente parecía estar alumbrando a una nube de negro humo a unos  diez metros de mi. La incomoda sensación de no avanzar por la calle crecía mientras mi amigo continuaba llorando y recordando a una novia que lo había dejado por quemón, estaba tan borracho que él nos  juraba que el frio lo iba a matar, entre llantos nos decía dramáticamente “díganle a L… que la amo” 🙂 , recordándolo hoy, fue algo para morirse de la risa,  el era de esos “duros” que no lloraba por ninguna chica, pero el alcohol le bajó la hombría al piso, lastima que no habían celulares con cámara en ese momento, habría tenido millones de vistas en youtube… , pero yo no estaba para cuentos amorosos en ese momento, nadie se había dado cuenta y yo no lo quería decir, pero realmente no veía hacia donde iba.

Sentí que los veinte minutos ya habían pasado y nada que veíamos la bomba de gasolina que marca la intersección con la vía boquete. La situación se hizo insoportable y simplemente tuve que frenar, recuerdo a mi amigo (el sobrio)  preguntándome que pasaba, no les dije nada, pero podía ver claramente una negra pared de obscuridad que subía y subía, como si frente a mi la calle se fuera a levantar en 45 grados mas adelante en una altísima colina, si no hubiera conocido la ruta, eso hubiera sido normal, cualquier conductor habría dicho “ok voy hacia una colina y por eso la luz de la luna se ve en un horizonte elevado” pero yo sabia que no habían cerros en esa ruta y ademas estábamos en BAJADA.

No se cuanto tiempo me quedé mirando fijamente ese horizonte obscuro, agarrado firmemente del volante, la imposible colina frente a mí parecía extenderse a unos cien mas adelante de mi vehículo, pero de pronto, tan repentinamente como llegó la sensación de no avanzar, todo se volvió claro, o por decirlo de alguna forma “normal” las luces del auto ya alumbraban hasta donde era normal que lo hicieran y me atreví a avanzar lentamente, hasta que retomé una velocidad normal, en unos tres minutos estuvimos en la via Boquete nuevamente.

Es una sensación que jamas volví a tener y créanme que he manejado mucho, no solo en Panamá, con los años he llegado a pensar que quizás me estaba quedando dormido, pero no recuerdo haber tenido tanto sueño, menos con los alaridos de mi amigo en la parte de atrás en el auto. Así que si hay alguna neblina extraña en Panamá, creo que me la topé ese dia. O, me perdió una bruja 🙂 Pero eso es otro cuento.

Ah y cuando llegamos al hospital Mae Lewis (no pudimos ir al Hosp. Chiriquí porque el papá de mi amigo era medico ahi) el doctor en urgencias nos mandó al “carajo” por hacerle perder el tiempo con un borracho. XD, hoy en dia mi amigo es un respetado funcionario en una concesionaria de ventas de vehículos enorme de mi pais, felizmente casado, por eso no menciono su nombre. Pero sé que cuando lea el relato sabrá por lo que paso su compañero para bajarlo en la borrachera que se pegó en Potrerillos.

 

 

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