Creencias de Semana Santa

Muchas son las historias de apariciones que desde los tiempos de nuestros abuelos hemos escuchado de alguna manera u otra han pasado a formar parte de las creencias y hasta supersticiones que se generan para los días de la Semana Santa y que han pasado de generación en generación, en su mayoría ocurridas en las campiñas más apartadas o en viejos pueblos del interior del país.

Creencias

Una de las más conocidas por todos es la de ir a la playa o al río ya que era (o es todavía) considerada de mala o peligrosa, porque aquellos que lo hacen corren el riesgo de convertirse en peces o el agua se convierta en sangre. Igualmente, hay quienes recuerdan que trepar a los árboles hacía que las personas pudieran convertirse o actuar como monos.

En otros casos, los viejos campesinos todavía se acuerdan que para los días santos hay quienes creen haber visto los árboles sangrar y les daban con la correa. Figuras y personajes No hay duda de que los cuentos de la llamada Tulivieja o Silampa siguen causando el temor entre la nueva generación de panameños y hay quienes aseguran haber escuchado sus lamentos y el llamado de ella, en algún momento de la soledad de la noche. El Chivato es otro de los peculiares cuentos, es otra de las supersticiones que la gran mayoría de nuestros abuelos nos cuentan con diversas variaciones para estos días de recogimiento.

A continuación les Anexo este Bonito reportaje que hizo el Reportero Omar Rordriguez Para la prensa.  cual pueden leer tambien en su fuente original aqui:  http://mensual.prensa.com/mensual/contenido/2004/04/09/hoy/nacionales/1617934.html

 

OMAR RODRIGUEZ 
ESPECIAL PARA LA PRENSA 
nacionales@prensa.com

 
La señora Catedral Pérez viuda de Soto, una moradora de Coclé, señaló que el respeto a las tradiciones durante la Semana Mayor se está perdiendo.

PENONOMÉ, Coclé. -Mientras teje la crineja que

luego le dará forma a un sombrero, Catedral Pérez

viuda de Soto comenta cómo se han ido perdiendo

las creencias y tradiciones de la Semana Santa.

“Eran otros tiempos, señor; había mucho más respeto

y devoción durante esta época”.

Los hilos entretejidos de una vieja hamaca sostienen

la anatomía de esta anciana que dice tener 77 años, pero

que aparenta ser una octogenaria. Y no es para menos; su

vida transcurrió en medio de muchas dificultades.

Pero en medio de esas necesidades que casi le son inherentes al hombre y a la mujer del campo, Catedral supo educar a sus hijos en la fe, inculcando en ellos el respeto por todo lo divino y particularmente por los días santos.

No se comía carne

Fidel Rodríguez, otro morador de Coclé, recordó con nostalgia las costumbres que practicaba durante esta época.

“Que va, mijo, comer carne los viernes de Cuaresma era pecado”, dice la anciana con el folclórico modo de hablar de los campesinos.

Tras de ella, un fogón apagado es mudo testigo de lo que dice.

Según cuenta, sus antepasados le enseñaron a respetar las tradiciones de Semana Santa y no comer carne los viernes era una de ellas.

La viuda de Soto, a su vez, le enseñó a sus hijos a mantener esa creencia.

Pero un día uno de sus vástagos “pecó”.

Luego de comer pescado un Viernes Santo en su hogar, fue de visita a la casa de un vecino, donde le brindaron unos pedazos de carne que no despreció.

¿Ay, hijo mío, usted qué ha hecho? No le he dicho que eso es un pecado muy grande. No lo vuelva a hacer nunca, recriminó la madre.

 

Curando los árboles 

A las 12 medianoche del Viernes Santo era común ver a los viejos levantarse de la cama para ir a darle rejo a los árboles frutales.

Eso se hacía para que ” privaran bonitos”, comenta Catedral, refiriéndose a que los árboles crecieran frondosos y dieran abundantes frutos.

Los mangos, naranjos y limones que hay en su finca de Chiguirí Abajo de Penonomé pueden dar testimonio de lo que afirma.

La “rejera” se daba con ramas de calabazo.

Pero la generosidad del calabazo de prestar sus ramas para curar a sus vecinos no lo salvaban del castigo.

 

Nada de bañarse en el río 

A pocos metros de la casa de Catedral hay un caudaloso río. Sus aguas refrescaban durante todo el año a los miembros de la familia y a los vecinos.

Sin embargo, el Viernes Santo el río se quedaba solo porque ninguna alma de Dios se atrevía a bañarse en tan sagrada fecha.

“Decían nuestros abuelos que uno se convertía en pescado si se bañaba ese día, así que nadie se asomaba ni a las orillas”, recuerda doña Catedral.

Tampoco trepaban a los árboles por temor a quedar convertidos nuevamente en un primate.

No obstante, como asegura esta campesina, todas esas cosas quedaron en el pasado porque ahora “nadie cree en nada, ni respetan nada”.

 

Apariciones 

Otra de las cosas que era común escuchar a las personas de antes era que “durante la Semana Santa el diablo anda suelto”.

Son muchas las historias de apariciones que se han contado de generación en generación.

Ciertas o falsas, Catedral tiene la suya.

Asegura que hace como 3 años escuchaba en las afueras de su casa los pasos de un hombre que calzaba botas mojadas.

El ruido de los pasos se escuchaba de noche y por todos los alrededores de la casa.

Recuerda Catedral que eso lo empezó a escuchar un sábado.

Decidió esperar hasta el martes para rociar agua bendita en los entornos de su rancho y hablarle al espíritu que la molestaba.

Porque: “yo no le tenía miedo, que va”.

¿Y qué le dijo?

-Se sonríe-. Le dije en voz alta, ¡para rezar no sacas tiempo, pero para molestar sí!

Desde entonces no se escucharon más los pasos.

 

Otro testimonio 

Fidel Rodríguez, otro morador de Chiguirí Abajo, también lamenta cómo han ido desapareciendo las costumbres de Semana Santa.

Antes, desde que llegaba el Lunes Santo, sus padres no hacían ni los dejaban a ellos hacer nada.

Los trabajos en el monte se paralizaban durante una semana porque el que sembraba en esa época se exponía a que sus siembras no dieran frutos.

No iban al río, ni realizaban las actividades que les eran propias.

Mas bien esos días se dedicaban a rezar el rosario en familia o con los vecinos.

En medio de esos rezos se repartía comida. El Viernes Santo, el sabroso “guisao”, una especie de guacho de yuca con pescado y zapallo era el plato favorito.

Todavía en algunos hogares se conserva la tradición de hacer esa deliciosa comida. Las demás costumbres se van convirtiendo poco a poco en leyendas.

Lo importante en todo esto es reflexionar sobre los hechos que dieron origen a la Semana Santa y tratar de aprender a vivir un vida plena para nosotros mismos, pero dedicada también al servicio de los demás.

Relaciones en Semana Santa

Muchos de nuestros abuelos han afirmado que si se tienen relaciones en Viernes Santo uno puede quedar pegado, por eso ningún cura oficia matrimonios en Semana Santa y esto es más bien una preparación para que los contrayentes entiendan lo que es el Vía Crucis al que se enfrentarán. Mientras que otros, de hecho, contra toda lógica racional, se abstienen de comer carne en todas sus formas.

Cuando leí esto, recordé que alguna vez me lo comentaron y también recordé la broma mas moderna que dice que si tienes sexo en Viernes Santo te conviertes en “condon” o si peleas te conviertes en Bruce Lee, pero sin ir mas allá de la mofa común que solemos y solíamos hacer los jóvenes a estas creencias… les dejo este video totalmente real, comprobable y referenciable de un hombre en Kenya que se metió (literalmente) con la esposa de un brujo, éste al enterarse algo le hizo a su mujer en venganza y al encontrarse los amantes a escondidas nuevamente … bueno durante el acto se quedaron pegados y se volvieron vídeo viral en Internet pasando una enorme vergüenza.

Por supuesto esto no tiene nada que ver con semana santa, pero… ya no parece tan ridículo, ¿verdad?

 

 

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